Esa tarde de octubre, la rutina de un vecino de Pompeya se detuvo frente a un contenedor de basura. Al levantar la tapa para desechar una bolsa, la realidad le devolvió una imagen desgarradora: entre los desperdicios, asomaba el torso de una perra. Inmóvil, metida dentro de una bolsa negra de basura hasta la mitad de su cuerpo, esperaba un final que parecía inevitable bajo la tapa cerrada.
Cuando los vecinos lograron rescatarla y quitarle el envoltorio, el horror cobró una nueva dimensión: la perra estaba incapacitada para moverse por sus propios medios y por eso se arrastraba. “Eric, la persona que la rescató, me contacto por WhatsApp, le habían pasado mi contacto. Cuando vi la foto dentro del contenedor fue inevitable no ponerme a llorar, les dije que la tuvieran a resguardo hasta que yo llegara”, recuerda María José Sierra, voluntaria de Santa Ramona Protectora, que se se involucró en el caso.
Acudió a un alerta por una perra consumida por la sarna pero unos ojos oscuros que imploraban ayuda cambiaron sus planes: “No lo pude dejar”
Una vez que estuvo segura, la trasladaron a Ingeniero Maschwitz, donde comenzaría su nueva vida con Belén, en un hogar de tránsito. El diagnóstico veterinario fue un golpe de realidad: delgadez extrema, infecciones en los oídos y fracturas viejas en sus patas —probablemente producto de un accidente pasado— que nunca fueron tratadas. La sentencia médica fue definitiva: Alma no volvería a caminar.
“Alma ya no tiene chances de recuperar la movilidad, pero el tratamiento es vital para calmar el dolor y evitar que sus extremidades se vuelvan rígidas. No contrala esfínteres, por eso se la ayuda realizando vaciado de vejiga tres veces por día y no necesita usar pañales”, explica María José Sierra. En su hogar de tránsito, diez minutos diarios de ejercicios manuales son la diferencia entre la flexibilidad y el entumecimiento. Además, la perita asiste semanalmente a sesiones de fisioterapia y ozonoterapia.
Pero las secuelas de Alma no son solo físicas. Haber estado atrapada en la oscuridad de un contenedor, siendo consciente de su incapacidad para moverse y escapar, dejó una marca invisible: ansiedad por separación extrema. Alma no puede quedarse sola. El pánico a ser abandonada nuevamente se manifiesta cada vez que el humano sale de su vista.
“No sabemos cuántas horas pasó ahí dentro, consciente de que no podía salir”, dicen desde el refugio. “Es una perrita con una mirada muy dulce, en todo momento busca estar acompañada, Se la consintió mucho desde el primer minuto. Ahora está en tránsito con Mica y sus amigas pasan siempre a mimarla. Lamentablemente en ningún momento supo quedarse sola: se desespera, tira todo lo que está a su alcance, no se relaja. La pasa muy mal y ha llegado a lastimarse sus patitas de tanto arrastrarse o lamerse”, detalla María José.
A pesar de las dificultades, Alma aprendió a disfrutar de sus paseos en un carrito para perros, Mica la lleva a una plaza donde se entretiene comiendo pasto o revolcándose. Por eso, su búsqueda de adopción es especial. Alma necesita una familia presente, alguien que entienda que su compañía es su medicina más importante.
Aunque la causa penal por abandono sigue abierta —sin testigos ni cámaras que hayan captado el momento en que fue arrojada a la basura—, y el caso de Alma logró un hito histórico. Gracias a la intervención de la Asociación Civil Santuario Jaulas Vacías a través del abogado Matías Trufero y la difusión de Federico Sordo de Cascote un perro macanudo, la Justicia la declaró “sujeto de derechos”.
Esta distinción legal reconoce a Alma no como una “cosa” o propiedad, sino como un ser sintiente con derechos propios que el Estado debe proteger. Es un paso gigante en la jurisprudencia argentina que nació del rincón más oscuro de un barrio porteño.
“Primero realizamos la denuncia por infracción a la ley 14.346 que pena actos de maltrato y crueldad hacia los animales. Luego con la Asociación Civil Santuario Jaulas Vacías nos presentamos como querellante acompañando prueba y solicitando algunas medidas como las cámaras de seguridad del GCBA en el lugar y también individualizando las de los vecinos”, detalla Trufero.
En paralelo, se solicitó que Alma sea considerada sujeto de derecho. “Nos basamos en una visión antiespecista del derecho y nos amparamos en jurisprudencia que ya ha declarado a distintos animales de diferentes especies como sujeto de derecho. Sandra, Cecilia, Lluvia y Gitana son algunos de los casos”, explica del abogado.
“Esto implica que la perra no sea considerada como un objeto, sino como un sujeto con su carácter de víctima del delito tal como lo dice el articulo 1 de la ley 14346. Todavía no logramos identificar al victimario por lo que solicitamos que quien haya visto algo o conozca algún dato lo informe para que la investigación continúe su curso y se pueda eventualmente penar a quien tiro a Alma al contenedor de basura”, dice con firmeza el experto.
Desde Santa Ramona tienen un compromiso inquebrantable: quien adopte a Alma no estará solo en la responsabilidad económica. El refugio se compromete a apadrinar de por vida los gastos de fisioterapia y los traslados de Alma.
“Sabemos que las adopciones de perros adultos cuestan mucho -y ni hablar de un perro con estas características-. Pero no dejamos de soñar que en algún momento alguien elija a Alma con los ojos del corazón. Es una perra increíble que por culpa de gente irresponsable y con malas intenciones, tuvo que pasar por esto. Se requiere de paciencia y mucho amor, haremos todo lo posible para poder revertir el apego que tiene y que pueda pasar un tiempo sola. Y la familia que la elija contará con nuestro apoyo, no queremos que sus gastos sea un impedimento para la adopción. Muchas personas tenemos el mismo sueño de ver a Alma adoptada”, reflexiona emocionada María José.
Por eso buscan una familia que la acepte con su carrito, con sus ejercicios diarios y, sobre todo, con su necesidad de afecto constante. Alma ya demostró que tiene la fuerza para sobrevivir a lo impensable; ahora solo falta que alguien le demuestre que, esta vez, nadie va a cerrar la tapa.
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