A pesar de los avances, los implantes dentales siguen rodeados de temoresA pesar de los avances, los implantes dentales siguen rodeados de temores

Implantes dentales: mitos y verdades de esta práctica habitual, según los especialistas

2026/01/12 19:26

Dolor, cirugías traumáticas, rechazo del cuerpo, anestesias peligrosas, meses sin dientes o resultados artificiales. A pesar de los avances tecnológicos y científicos de las últimas décadas, los implantes dentales siguen rodeados de temores que muchas veces no se corresponden con la realidad clínica. “Muchas personas postergan el tratamiento por miedo, sobre todo por la idea de que va a doler mucho”, explica el doctor Lucas García Sánchez, especialista en implantología dental. Sin embargo, la experiencia cotidiana en el consultorio muestra un escenario distinto.

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Ese temor inicial suele construirse a partir de relatos ajenos o información incompleta. En la práctica diaria, explican los expertos, la consulta previa es clave para despejar fantasmas y ordenar expectativas, ya que cada tratamiento se planifica de manera personalizada y no existen soluciones estándar.

“La cirugía se realiza con anestesia local y la mayoría de los pacientes asegura que la molestia posoperatoria es similar o incluso menor a la de una extracción simple”, señala García Sánchez. Y resume: “miedo alto, dolor real bajo. La inflamación posterior suele ser leve y controlable con analgésicos comunes. Incluso en cirugías donde se colocan varios implantes, la recuperación suele ser rápida. Muchos retoman sus rutinas en poco tiempo".

El temor a la cirugía es otro de los grandes obstáculos. Hoy, lejos de las intervenciones extensas y agresivas, las técnicas son mínimamente invasivas y, en muchos casos, guiadas por computadora. “Eso reduce el tiempo quirúrgico, las incisiones y el estrés del paciente”, aclara el especialista y agrega que existen opciones de sedación consciente para personas con ansiedad marcada, aunque no es lo habitual.

Una de las dudas más frecuentes gira en torno al supuesto “rechazo” del implante. García Sánchez es categórico: “El titanio es un material biocompatible. El rechazo como tal no existe”. Lo que puede ocurrir, en porcentajes bajos, es una falta de integración ósea, una situación que suele resolverse y que no implica perder la posibilidad de volver a colocar un implante. En esos casos, el seguimiento profesional y los controles periódicos permiten detectar a tiempo cualquier dificultad y actuar en consecuencia, sin comprometer el resultado final del tratamiento. Respecto de los costos, García Sánchez aclara: “Hoy existen planes, financiamientos y coberturas parciales que acercan esta solución a más personas”.

Una de las dudas más frecuentes gira en torno al supuesto “rechazo” del implante

Mantener la sonrisa

También persiste la idea de que el paciente debe resignarse a estar sin dientes durante meses. La realidad es que no siempre sucede. “En muchos casos se puede colocar una corona provisoria el mismo día, de modo que la persona no pierde ni estética ni función mientras el implante cicatriza”, explica. La indicación depende de la calidad del hueso y de la estabilidad lograda durante la cirugía. Desde lo emocional: mantener la sonrisa y la capacidad de masticar durante el proceso impacta positivamente en la autoestima y en la vida social del paciente.

La edad tampoco es un límite. “No hay un tope etario para los implantes”, aclara García Sánchez. Lo importante es el estado general de salud y del hueso. Hoy se colocan implantes con excelentes resultados en pacientes de 70, 80 años o más. La evaluación médica integral es fundamental, ya que se consideran factores generales de salud para garantizar que el tratamiento sea seguro y predecible. En cuanto a la durabilidad, los números son contundentes. Un implante correctamente cuidado tiene tasas de éxito superiores al 95% a largo plazo. “Controles periódicos e higiene adecuada son la clave”, señala el especialista. Bien mantenidos, los implantes pueden durar toda la vida. El doctor Marcelo Carta, miembro del International Team of Modern Monolithic Implantology, que se basa en la clásica escuela italiana, suma una mirada complementaria desde la implantología monofásica. “Se trata de implantes de una sola pieza que permiten reducir la necesidad de injertos y lograr, en la mayoría de los casos, carga inmediata. El paciente se va casi sin cirugía y con prótesis provisorias fijas ya funcionando”, explica. Este enfoque resulta beneficioso para pacientes que buscan soluciones rápidas, funcionales y con menor impacto quirúrgico. Carta subraya que los implantes dentales, realizados correctamente, no presentan riesgos. El desarrollo tecnológico fue clave: escáneres, tomografías, softwares de planificación virtual, impresoras 3D, fresadoras computarizadas, nuevos circonios, cerámicas y resinas reforzadas. Pero advierte: “La tecnología es fundamental, aunque no reemplaza la capacidad de diagnóstico ni el conocimiento empírico que se adquiere con los años”. A veces, dice, “apoyarse demasiado en lo tecnológico puede alejar al profesional de la clínica real”.

Un implante correctamente cuidado tiene tasas de éxito superiores al 95% a largo plazo

El equilibrio entre tecnología y experiencia profesional es, según Carta, lo que garantiza resultados seguros y duraderos. La revolución también alcanzó a los laboratorios dentales. Hoy trabajan sobre imágenes tridimensionales del rostro, la sonrisa y el cráneo, con niveles de precisión y velocidad impensados tiempo atrás. Esto facilitó la estética y la funcionalidad de las prótesis.

Las cirugías son cada vez menos cruentas. En muchos casos se realizan sin levantar encía y con materiales de injerto más sofisticados, lo que reduce aún más las molestias. “Se usan anestesias sencillas, seguras y con mínimas incomodidades”, afirma Carta. La sedación solo se reserva para pacientes muy temerosos o con patologías específicas.

En este punto, ambos especialistas coinciden en aclarar una confusión: lo que se debatió en algunos medios no eran implantes dentales convencionales, sino implantes cigomáticos, de abordaje maxilofacial y complejidad distinta. “No tienen nada que ver con la implantología cotidiana”, aclara Carta.

La cirugía de implantes, explican, es hoy un procedimiento de alta precisión. Se planifica primero en la computadora, a partir de tomografías 3D y escaneos digitales. Allí se define con exactitud milimétrica el lugar, el ángulo y la profundidad de cada implante. “La cirugía se hace antes de tocar al paciente”, resume García Sánchez. En el consultorio, se prepara el hueso con instrumental específico, se coloca el implante de titanio y ese tornillo se transforma en la nueva raíz artificial. Cuando no hay hueso suficiente, existen técnicas de regeneración ósea con injertos y biomateriales que permiten crear el volumen necesario. Es una práctica habitual y predecible. La integración al hueso tarda entre dos y cuatro meses, aunque hoy existen implantes monofásicos con cargas inmediatas que evitan que el paciente esté sin dientes en ningún momento. Las prótesis modernas son fijas: no se sacan, se limpian como dientes naturales y solo el profesional puede retirarlas para mantenimiento.

La salud bucal no es un tema estético aislado. “Una boca sana es salud general. Es algo vital y fundamental para el buen funcionamiento del resto de los órganos”, concluye García Sánchez.

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