El presidente de EE.UU. usa la coerción para reconquistar América Latina en una reformulación de la doctrina Monroe del siglo XIX, al servicio de los principiosEl presidente de EE.UU. usa la coerción para reconquistar América Latina en una reformulación de la doctrina Monroe del siglo XIX, al servicio de los principios

Desde Venezuela hasta Cuba: Trump usa la fuerza y la asfixia para derrocar Gobiernos que no le gustan

2026/02/08 11:02
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¿Quién podría imaginarse hace seis semanas que el Gobierno venezolano podría colaborar con agentes estadounidenses para detener en Caracas a un ministro afín a Nicolás Maduro como Alex Saab? ¿Quién podría sospechar hace cinco semanas que la Venezuela chavista iba a dejar sin una gota de petróleo por primera vez en tres décadas a su 'hermana' Cuba? Desde Venezuela hasta Cuba, Donald Trump está usando la fuerza y la crisis alimentaria agravada por el bloqueo energético para tumbar Gobiernos que no le gustan, al tiempo que premia generosamente otros, independientemente de sus sistemas políticos, como El Salvador, Argentina, Qatar, Arabia Saudí, Marruecos, Israel o Hungría, por ejemplo.

Pues eso es lo que está pasando desde el ataque a Venezuela del 3 de enero y el secuestro del presidente del país, Nicolás Maduro. Aquel día, por la tarde, dijo Donald Trump ante la prensa: “Voy a tomar el control sobre Venezuela”. Y en aquellas horas era difícil de descifrar a qué se estaba refiriendo el presidente de EE.UU. Con el paso de los días, se ha ido descubriendo: interés por el petróleo venezolano; liberalización del sector petrolero para que entren empresas privadas multinacionales; amnistía para presos encarcelados por delitos políticos; y cuentas corrientes compartidas con el Tesoro de EE.UU. para gestionar el dinero de las ventas de crudo.

Mientras tanto, Nicolás Maduro observa la jugada desde una cárcel de Nueva York. Y uno de sus más leales, Diosdado Cabello, no levanta la voz en público contra la presidenta interina, Delcy Rodríguez, ni el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, su hermano, porque sabe que, después de Maduro y Saab, él puede ser el siguiente.

En efecto, sobre el ministro del Interior, Cabello –con gran ascendencia en el Ejército y una de las figuras más populares del chavismo, incluso por encima de Delcy Rodríguez–, pesan imputaciones de EE.UU. por narcotráfico que no recaen sobre la nueva presidenta, hasta el punto de que la imputación por la que están siendo ahora procesados Maduro y su esposa, Cilia Flores, incluye a Cabello. De hecho, EE.UU. ya había vinculado a Cabello con el narcotráfico incluso antes de hacerlo con Maduro.

Cabello sabe que puede ser el siguiente. Pero también Delcy Rodríguez gobierna bajo la presión directa de Trump después del ataque del 3 de enero, que llegó tras meses de asesinatos extrajudiciales en el Caribe y el asalto a petroleros que iban o venían de puertos venezolanos.

Aquel 3 de enero Trump apostó por la vicepresidenta de Maduro por encima de la líder de la oposición, María Corina Machado, a sabiendas de que el chavismo controla el país, y la elección de Machado corría el riesgo de detonar un enfrentamiento civil y un éxodo migratorio a Colombia que, de momento, no se está produciendo.

Hace unos días, en su comparecencia ante el comité de Asuntos Internacionales del Senado, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, comparaba el proceso venezolano con el español: “Hay ejemplos previos del paso de una autocracia a una democracia, como es el español o el uruguayo, y lleva su tiempo. Esto no es como meter la cena en el microondas y tenerla lista en dos minutos y medio”.

Lo cierto es que aquella transición española no estuvo mediada por un ataque de EE.UU. al palacio de El Pardo y la captura del dictador, Francisco Franco, que murió en el hospital y con quien Washington tenía tratos desde los años 50, antes incluso de que España fuera aceptada en la ONU.

Coerción y asfixia

El neoimperialismo trumpista en América Latina se referencia en aquel “América para los americanos” acuñado en 1823 por el presidente estadounidense James Monroe, reforzado por el “destino manifiesto”  del presidente James Polk, en 1846. A partir de ahí, el historial de acciones encubiertas de EE.UU. en América Latina y el Caribe es elocuente. En 1954, orquestó un golpe de Estado que derrocó al presidente Jacobo Árbenz de Guatemala, lo que dio inicio a décadas de inestabilidad. La invasión de Playa Girón –Bahía de Cochinos– a Cuba en 1961, respaldada por la CIA, terminó en desastre, y la agencia intentó asesinar a Fidel Castro en múltiples ocasiones. Ese mismo año, sin embargo, la CIA suministró armas a los disidentes que asesinaron a Rafael Leónidas Trujillo Molina, el líder autoritario de la República Dominicana que EE.UU. había impulsado al poder en el país.

EE.UU. también participó en un golpe de Estado en Brasil en 1964, la muerte del Che Guevara y otras maquinaciones en Bolivia, el golpe de Estado en Chile en 1973 que trajo consigo con la muerte de Salvador Allende y dos décadas de dictadura de Augusto Pinochet, así como la financiación de la guerra de la Contra frente al Gobierno sandinista de Nicaragua en los años 80.

Pero ahora Trump usa otras armas, que pasan más por la asfixia y la coerción máxima que por una invasión militar. Esa inspiración de la doctrina Monroe quiere ser contestada por los demócratas en el Congreso. Así, la congresista Nydia Velázquez, de Nueva York, está ultimando una resolución que pide la anulación de la doctrina Monroe y el desarrollo de una nueva política de “buena vecindad” en su lugar.

Pero por la vía de la coerción y la presión extrema, junto con un ataque militar y el secuestro de Maduro, el presidente de EE.UU. ha conseguido el cambio del Gobierno en Venezuela y está consiguiendo que México, aliado histórico de Cuba, haya cortado el envío de petróleo a la isla, elemento fundamental para su subsistencia. El Gobierno de Claudia Sheinbaum está acusando las amenazas comerciales de su principal mercado, EE.UU., pero también las de la injerencia militar estadounidense en la frontera con México.

Y sin el petróleo de Venezuela y México, Cuba está en un callejón sin salida. Y eso viene a raíz de la reciente declaración de la emergencia nacional por parte de Trump ante la supuesta amenaza de una isla de 11 millones de habitantes que lleva medio siglo sufriendo sanciones de la primera potencia del mundo.

“Cuba es un Estado fallido, estamos hablando con ellos y querrán llegar a un acuerdo”, ha dicho Trump esta semana.

Frente a ese decreto de Trump, hay congresistas demócratas que se mueven para impulsar una resolución conjunta por considerar que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional del país como para declarar una emergencia nacional por ello.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, anunciaba este jueves el paso previo a la declaración de “estado de guerra” y el racionamiento de petróleo, esencial para la vida en la isla. Díaz-Canel ha hablado de “desabastecimiento agudo de combustible”.

“El presidente Trump siempre tiene voluntad de apostar por la diplomacia, y creo que eso es algo que de hecho está teniendo lugar con el Gobierno cubano”, ha afirmado este jueves la portavoz de Casa Blanca, Karoline Leavitt: “Creo que, dado que el Gobierno cubano está en sus últimas y que el país está a punto de colapsar, deberían ser prudentes en sus declaraciones dirigidas al presidente de EE.UU.”.

El presidente cubano, afirma por su parte: “La teoría del colapso y la insistencia en el colapso está muy relacionada con la teoría del Estado fallido y con todo un grupo de construcciones con que el Gobierno de EE.UU. ha tratado de caracterizar la situación cubana. Y precisamente esta teoría del colapso está asociada a una de las direcciones en las cuales se empeña el Gobierno de los Estados Unidos para derrocar a la Revolución cubana”.

Una mujer escucha al presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hablando en la televisión, en una tienda en La Habana el 5 de febrero de 2026. YAMIL LAGE/AFP/Getty Images

Y añadía Díaz-Canel: “Cuba está dispuesta a un diálogo con EE.UU. sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar. ¿Con qué condiciones? Sin presiones. Bajo presiones no se puede dialogar, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación, sin abordar temas que podamos entender como injerencia en nuestros asuntos internos. De cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, prepotente, criminal de bloqueo recrudecido en los momentos actuales”.

La táctica de Trump con Cuba está siendo similar a la empleada con Venezuela, que aún tiene una flota estadounidense con 15.000 soldados frente a sus costas: la asfixia con la única salida que pasa por la obediencia a Washington. A diferencia de Venezuela, Cuba no tiene petróleo. Pero sí tiene el simbolismo de la primera revolución socialista en el continente, que han querido tumbar numerosos presidentes sin lograrlo. Y Trump –junto con Marco Rubio– acaricia la idea de culminar su presidencia habiendo acabado con la revolución bolivariana y la cubana.

“¿Qué significa bloquear y no permitir que llegue una gota de combustible a un país?”, se preguntaba este jueves Díaz-Canel: “Es afectar el transporte de alimentos, la producción de alimentos, el transporte público, el funcionamiento de los hospitales, de las instituciones de todo tipo. La escuela. La producción de la economía. El turismo. ¿Cómo mantenemos las clases de los niños sin combustible? ¿Cómo funcionan nuestros sistemas vitales sin combustible? ¿Cómo distribuimos la comida? ¿Cómo sembramos? ¿Cómo rotulamos? ¿Cómo preparamos la tierra? ¿Cómo recogemos los productos? ¿Cómo nos trasladamos? Esto es la asfixia. Hay muchos cubanos y cubanas dignas que dieron la vida por este país, por la independencia de este país en todas las épocas. Y los más recientes son los 32 compañeros que cayeron en Venezuela, que su caída indignó a nuestro pueblo y esa herida no se cierra”.

Mientras tanto, el jueves EE.UU. anunció el envío de ayuda a Cuba por valor de seis millones de dólares a través de la Iglesia Católica y Caritas. “Además de este tramo de ayuda, EE.UU. está dispuesto a brindar un apoyo directo aún mayor al pueblo cubano. El régimen corrupto simplemente debe permitirlo”, afirma el Departamento de Estado de EEUU, parte fundamental en la situación de hambruna que vive la isla a consecuencia de los embargos agravados con el bloqueo al acceso al petróleo decretado por Trump.

“¿No estamos viendo galopar la barbarie en vez de las leyes mundiales?”, se preguntaba este miércoles el presidente colombiano, Gustavo Petro, ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, en Washington DC, a 500 metros del Despacho Oval donde había estado el día antes dos horas con el presidente de EE.UU.: “Y entonces, ¿qué nos espera en la barbarie? Se desata lo bárbaro hasta consumir a los mismos que han esgrimido la bandera de la barbarie. Tenemos que retornar a las normas colectivas, a las leyes colectivas. (...) La exclusión política no es más que violencia. Es la ruptura del diálogo y es el comienzo de la barbarie. Si no somos capaces de construir las leyes colectivas que junten la humanidad, habrá barbarie. Restablecer la hermandad humana es tarea de los pueblos y las civilizaciones. Y en América hay civilizaciones diferentes”.

Fotografía publicada en la red social X en la cuenta @infopresidencia que muestra al presidente de Colombia, Gustavo Petro (i), saludando a su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, este martes en la Casa Blanca, en Washington (Estados Unidos). EFE/ @infopresidencia

Y añadió Petro: “Una democracia global es la bandera que tenemos que levantar. Una democracia de las Américas en donde sean normas y leyes colectivas legítimas las que nos guíen en contra de la barbarie. Porque si la barbarie es desde Alaska hasta la Patagonia, podemos desaparecer”.

Trump y las injerencias a favor de gobiernos

Del mismo modo que Trump está usando la fuerza y el hambre para derrocar gobiernos en Venezuela y Cuba, está usando toda su influencia para mantener aquellos que le son afines.

Así es el caso de Javier Milei, condicionando un rescate para Argentina a que el presidente del país saliera victorioso de las últimas elecciones legislativas, cosa que terminó pasando después de haberse llevado una sonora derrota unas semanas antes en las elecciones regionales.

El presidente argentino, Javier Milei, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Oficina del Presidente de Argentina / X

También este es el caso de Nayib Bukele, el presidente de El Salvador, quien sorteó los límites constitucionales para asegurarse una nueva reelección y perpetuar el sistema de partido único en que se ha convertido el país. Un país famoso en el mundo por sus macrocárceles denunciadas por organizaciones de derechos humanos a raíz del trato vejatorio a sus internos, lo cual no fue óbice para sellar un acuerdo económico con Donald Trump para acoger migrantes deportados de EE.UU..

Este jueves, decía Trump de Bukele: “Es una de mis personas favoritas. Es increíble, un gran aliado de este país. Gestiona prisiones bastante grandes, tan grandes que no se puede ver de un lado a otro a menos que se tenga una vista perfecta y se usen binoculares. Así de grandes son. Y hacen un buen trabajo. Son prisiones muy seguras. Y enviamos a muchas de las personas que capturamos: los asesinos, los narcotraficantes, las personas que entraron ilegalmente a nuestro país y que ya han cometido crímenes graves. Teníamos 11.888 asesinos, y muchos de ellos están en sus prisiones ahora mismo. Hace un trabajo fantástico. Así que quiero agradecerle, señor presidente, el extraordinario trabajo que hace con nuestra gente también. Trabajan muy bien juntos. Lo aprecio. No es fácil”.

El presidente de EEUU, Donald Trump, junto a su homólogo de El Salvador, Nayib Bukele, en Washington. EFE

Así mismo, al tiempo que Trump ha sido capaz de que su Ejército asesine extrajudicialmente a un centenar de personas en una supuesta campaña contra el “narcoterrorismo” en el Caribe y el Pacífico Oriental al mismo tiempo que indultaba al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (2014-2022), quien en 2024 fue condenado por tres delitos de narcotráfico y por posesión de armas, por lo que fue sentenciado a 45 años de prisión en 2024.

Al exmandatario lo acusaron de haber recibido dinero del 'Chapo' Guzmán para financiar fraudes electorales a cambio de participar en una conspiración que introdujo más de 500 toneladas de cocaína en EEUU.

El indulto al condenado en EE.UU. por narcotráfico fue ejecutado por Donald Trump al mismo tiempo que sancionaba con esa excusa a Nicolás Maduro y a Gustavo Petro. El perdón, además, llegó dos días de las elecciones presidenciales de Honduras, para las cuales apoyó al compañero de partido de Hernández, Tito Asfura, del derechista Partido Nacional, y finalmente ganador de los comicios.

“Según muchas personas a las que respeto enormemente [Hernández] fue tratado de forma muy dura e injusta”, dijo Trump.

El ICE utiliza un avión privado de un amigo de Trump para deportar a palestinos a Cisjordania

En marzo de 2024, Hernández fue condenado por un tribunal estadounidense por conspirar para importar cocaína a Estados Unidos. Este tribunal que lo condenó, de Nueva York y cuya sentencia ha conmutado Trump, es el mismo en el que está siendo procesado Nicolás Maduro.

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