Mientras el Gobierno aguarda la difusión del índice de inflación de enero, prevista para el martes 10 de febrero, un nuevo dato encendió señales de alerta en el frente de precios. En la primera semana de febrero, los alimentos y bebidas registraron un salto del 2,5% semanal, según un informe de la consultora LCG, fundada por Martín Lousteau, que advirtió sobre un quiebre abrupto en la dinámica reciente.
El dato resulta especialmente relevante por dos motivos. Por un lado, interrumpe, según LCG, una racha de más de diez semanas consecutivas con variaciones semanales inferiores al 1% en la medición de la propia consultora. Por otro, pone el foco en el rubro de mayor sensibilidad social y con una de las ponderaciones más altas dentro del actual Índice de Precios al Consumidor (IPC), en momentos en que la medición oficial se encuentra atravesada por una fuerte polémica institucional.
La evolución de los precios de los alimentos se convierte así en un termómetro clave no solo para anticipar el dato de inflación de febrero —que el INDEC dará a conocer el jueves 12 de marzo— sino también para evaluar la consistencia del proceso de desinflación que el Gobierno presenta como uno de los ejes centrales de su gestión.
Según el relevamiento de LCG, en la primera semana de febrero los precios de alimentos y bebidas aumentaron 2,5% semanal, el registro más alto desde comienzos de diciembre. El informe subraya que el salto se produce luego de más de diez semanas con variaciones contenidas, en un contexto en el que los analistas habían comenzado a consolidar expectativas de desaceleración sostenida.
El estudio señala además que, en las últimas cuatro semanas, la inflación promedio de alimentos se duplicó hasta alcanzar el 1,6% mensual, lo que marca un cambio significativo respecto de los registros previos. Ese promedio móvil captó la aceleración reciente y refuerza la lectura de que el dato semanal no responde a un movimiento aislado.
Dentro del relevamiento, más del 75% del aumento semanal se explica por subas en productos de panificación y bebidas, con incrementos superiores al 6% semanal. También se destacaron alzas en carnes y verduras, rubros de fuerte impacto en el consumo cotidiano.
Desde LCG precisaron que el relevamiento se realizó sobre unos 8.000 productos de cinco cadenas de supermercados, mediante técnicas de web scraping, y que los ponderadores utilizados correspondieron a la estructura del IPC de la Ciudad de Buenos Aires.
El salto en los precios de los alimentos adquiere mayor relevancia por el momento en el que se produce. La medición se conoce cuando aún no se difundió el índice oficial de inflación de enero y en pleno debate por la decisión del Gobierno de suspender y luego descartar la nueva metodología del IPC que preparaba el INDEC.
Bajo la gestión de Marcos Lavagna, el organismo estadístico avanzó en una actualización del índice basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018. Esa metodología preveía, entre otros cambios, una reducción en la ponderación del rubro “Alimentos y Bebidas no alcohólicas”, que pasaría del 26,9% al 22,7% del IPC.
La suspensión de esa actualización, confirmada luego por el ministro de Economía, Luis Caputo, mantiene vigente la estructura anterior, con mayor peso relativo de los alimentos. La decisión precipitó la renuncia de Lavagna y abrió una discusión pública sobre la oportunidad y la conveniencia de modificar indicadores sensibles en pleno proceso de desinflación.
Caputo explicó que el Gobierno consideró que no era el momento adecuado para cambiar el índice y anticipó que, en lugar de aplicar la metodología que estaba en preparación, se elaborará un nuevo indicador con bases “todavía más actualizadas”.
El dato de LCG fue leído en el mercado como una señal de advertencia para la inflación de febrero, más allá de que el índice de enero aún no se conoció. En términos estrictos, el salto de la primera semana de febrero impactará recién en el IPC que se difundirá en marzo, pero el cambio de tendencia enciende alertas tempranas.
En este marco, las consultoras privadas ajustaron con cautela sus expectativas. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que elabora el Banco Central en base a proyecciones de bancos y consultoras, estimó una inflación del 2,4% para enero, 0,4 puntos porcentuales por encima del relevamiento previo.
El REM es una encuesta mensual que recoge pronósticos macroeconómicos del sector privado y se utiliza como referencia para anticipar la evolución de precios, tipo de cambio y actividad. En su última edición, reflejó un leve repunte en las expectativas inflacionarias tras varios meses de moderación.
En paralelo, la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas de El Cronista (EMEC), que consulta a economistas, bancos y consultoras desde 2016, mantuvo una proyección similar para enero, con un IPC estimado en torno al 2,3%. Ambas mediciones se refirieron exclusivamente al dato de enero y no incorporaron aún el impacto del salto de alimentos registrado en febrero.
Más allá del informe de LCG, otras consultoras relevaron una dinámica distinta en los precios de los alimentos durante la primera semana de febrero. Analytica, por ejemplo, registró una suba semanal del 0,6% en alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires, con un promedio de cuatro semanas del 2,6%.
La consultora proyectó para febrero una inflación general del 2,2% y señaló que los mayores aumentos en el promedio mensual se concentraron en verduras y frutas, mientras que bebidas y otros alimentos mostraron subas más moderadas.
La divergencia entre mediciones privadas no es inusual en cortes semanales, pero refuerza la cautela a la hora de extrapolar resultados puntuales. Aun así, el dato de LCG destaca por su magnitud y por el quiebre que marcó respecto de la tendencia previa.
El debate sobre la inflación de alimentos no se limita al frente de precios. También vuelve poner en primer plano la discusión sobre pobreza, en un contexto en el que el Gobierno anunció recientemente una nueva baja del indicador a partir de estimaciones propias y no de la medición oficial del INDEC.
La inflación tiene un impacto directo sobre el valor de las canastas básicas de pobreza e indigencia. Cualquier subcálculo del IPC incide en el costo de esas canastas y, por lo tanto, en la cantidad de personas consideradas pobres o indigentes.
En ese marco, el presidente Javier Milei ha reiterado en distintas ocasiones que su gestión “sacó de la pobreza a millones de seres humanos”, con cifras que oscilaron entre 10 y 12 millones de personas según el grado momentáneo de euforia presidencial . Esa afirmación fue cuestionada por la oposición, por economistas independientes y por centros académicos como la UCA, que advirtieron sobre inconsistencias entre esos números y otros indicadores sociales.

