Entre las muchas consecuencias y síntomas generados a partir de los cambios hormonales durante la etapa de la menopausia y climaterio en mujeres, una de la que poco se habla es la llamada atrofia vulvovaginal (AVV), que es una condición caracterizada por resequedad y molestias en esa zona íntima, así como dolor durante las relaciones sexuales.
Es algo muy común que afecta severamente la calidad de vida de las mujeres e incluso le llega a generar alteraciones en su vida social y laboral, pero desafortunadamente es poco referida o ignorada en la consulta médica, muchas veces porque a la mujer le da pena comentarlo al médico o porque éste no le da la importancia y lo considera algo normal.
Los signos y síntomas más comunes de la AVV, de acuerdo con la Dra. Imelda Hernández Marín, especialista en ginecología endocrina, menopausia y biología de la reproducción humana, incluyen resequedad vaginal (reportada por hasta el 80% de las pacientes), molestias vaginales (57%), dolor durante las relaciones sexuales (35%), picazón o comezón (28%), ardor (26%) e incluso incontinencia urinaria (6%). Estos síntomas pueden variar en intensidad, desde leves hasta severos, y tienden a incrementarse con la edad y el tiempo transcurrido desde la menopausia.
Diversos estudios mostrados por la doctora Hernández avalan estos datos. Lo que no existe son registros sobre el número de mujeres que viven con tales síntomas, pero seguramente son muchas considerando las 20 millones de mujeres que en México viven actualmente en etapa de climaterio. Aparte se estima que hasta el 70% de las mujeres con dichos síntomas no acuden a consulta, lo que convierte a la AVV en un problema de salud silencioso y poco visibilizado.
Sobre el tema, el especialista italiano Andrea R. Genazzani, médico ginecoobstetra especialista en endocrinología y metabolismo por la Universidad de Siena y con doctorado en bioquímica clínica por la Universidad de Lausana, Suiza, señala que entre las razones que generan la AVV es el deterioro de fibras como el colágeno y la disminución de sustancias como el ácido hialurónico que naturalmente están en la pared vaginal y el tejido conectivo. Si la vagina se empiza a modificar desde los 40 años, explica, pasan muchos años en que se va dando el deterioro, de modo que en edades más avanzadas las mujeres lo padecen con mayor fuerza.
Y con la creciente esperanza de vida, ha crecido el número de mujeres que se ven afectadas con estos problemas de salud.
Explicó la doctora Hernández, del Colegio Mexicano de Especialsitas en Ginecología y Obstetricia (Comego) y de la Sociedad Norteamericana de Menopausia (NAMS), que existen otros factores de riesgo que pueden desencadenar o agravar la AVV: insuficiencia ovárica prematura, la extirpación de ovarios, tratamientos como radioterapia y quimioterapia, medicamentos con efectos que reducen los estrógenos, reducción posparto de estrógenos durante la lactancia, así como procedimientos médicos como radioterapia y quimioterapia.
Estudios clínicos han documentado el impacto negativo de la atrofia vulvo vaginal en la calidad de vida de la mujer:
*72 % reporta afectación en la satisfacción sexual
*66 % en la espontaneidad sexual
*40 % en el disfrute general de la vida
*34 % en el sueño
Señalaron los especialistas que ya hay evidencia científica de que el ácido hialurónico, junto con antioxidantes como la vitamina A y E, puede favorecer la hidratación, la regeneración tisular y la protección de la mucosa vaginal, entre otros beneficios. Estos hallazgos abren nuevas perspectivas para el abordaje de la AVV, más allá de los tratamientos hormonales tradicionales, puntualizaron.
La información anterior se presentó durante un evento organizado por Armstrong Laboratorios de México, el cual se dijo ha impulsado la educación médica continua para comprender mejor los efectos de la atrofia vulvovaginal y a desarrollar alternativas que contribuyan al bienestar de las mujeres, y asimismo busca fortalecer el diálogo entre pacientes y profesionales de la salud, promoviendo un abordaje integral de esta condición.
La realidad es que ante la salud íntima femenina aún rige un silencio incómodo en nuestra sociedad, pese a que define la calidad de vida de millones de mexicanas. Romper ese silencio es un acto de cuidado y amor propio. Es importante que las mujeres sepan que no tienen que resignarse a vivir con ello, porque existen opciones terapéuticas seguras y efectivas que protejan su salud, y les devuelvan confianza y libertad.


