Amor de oficina es el nombre de una popular serie romántica mexicana: una empleada y el hijo del jefe compiten por la dirección de la empresa. En la ficción, el vínculo provoca situaciones cómicas, pero en la realidad, una relación amorosa en el trabajo requiere políticas claras en la empresa para proteger sus resultados sin interferir en los intereses amorosos de sus colaboradores.
Las personas trabajadoras pasan al menos un tercio de su día en compañía de sus colegas, una convivencia en la que pueden surgir relaciones de pareja. Un 33% de trabajadores dijo que ha tenido un romance en su espacio laboral, de acuerdo con una encuesta de la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM).
“Recursos Humanos debe proteger a la empresa de responsabilidades y, al mismo tiempo, permitir que los empleados persigan sus propios intereses amorosos”, de acuerdo con el artículo El romance en el trabajo va en aumento publicado por la SHRM.
Cuando dos compañeros de trabajo dan el paso a una relación de pareja es necesario reconocer que la lealtad a la empresa se mueve y recae ahora en el vínculo sentimental.
“Es muy importante el reconocer que la lealtad se traslada, cuando ya hay una relación de pareja ya no es la lealtad a la empresa o a los resultados, es a la pareja”, advierte Alex Ureña, consultor organizacacional.
En estas situaciones, la anticipación es clave para evitar conflictos: las empresas requieren contar y dar a conocer cuáles son los límites éticos y los códigos de comportamiento a cumplir por los involucrados.
“Se deben respetar los códigos cuando existen relaciones de este tipo”, destaca Diana Jiménez, cofundadora y directora de proyectos de la Agencia Concepto 21.
La SHRM considera que el onboarding es un momento oportuno para dar a conocer las políticas sobre relaciones de pareja en el espacio laboral.
Entre los especialistas hay un consenso: los enamorados no deben trabajar en el mismo equipo y mucho menos si existe una relación de subordinación.
“Si dentro de la empresa se forma una relación de pareja, el límite ético es que no deben de trabajar juntos. Un equipo no puede funcionar de esa forma, se deja de tener lealtad con el resto de los compañeros”, asegura Ureña.
Si lo sabe Dios que lo sepa Recursos Humanos, es fundamental para evitar malos entendidos, conflictos y cotilleo en los equipos. En cuanto inicien una relación amorosa, sus integrantes deben informar a su jefe inmediato y al área de Recursos Humanos sobre este vínculo.
Por parte de la empresa, generar confianza en los colaboradores de que informar no implica que van a despedir a la pareja o a unos de sus integrantes, sino un acto de transparencia para realizar una reubicación o una supervisión en temas como evaluaciones o retroalimentación.
“Las organizaciones saben sí o sí que las personas no dejamos de ser humanos al llegar a trabajar. Pero sí se debe saber que la cultura de una organización se debe de cuidar con acuerdos claros y no con prohibiciones”, explica Diana Jiménez.
Una cultura punitiva en la empresa resulta contraproducente cuando surgen relaciones de pareja pues favorece que se oculten estos vínculos y se preste a malos entendidos con los equipos.
A las áreas de Recursos Humanos corresponde crear estructuras que permitan tener claridad y confianza de que una relación más allá de lo laboral no afectará negativamente ni a los implicados ni a la organización.
“Es importante que la gente sepa que no va a entrar en riesgo, porque la razón por la cual se oculta es porque piensan que los van a correr”, destaca Ureña.

