En escuelas secundarias de Estados Unidos, los adolescentes decidieron convertir los pasillos en espacios de resistencia contra las políticas migratorias. Lo que empezó como una cadena de salidas coordinadas de clase para rechazar operativos federales se transformó en un enfrentamiento abierto entre alumnos y autoridades estatales en Texas.
Durante las últimas semanas, estudiantes de más de tres decenas de estados abandonaron las aulas para protestar contra las tácticas de deportación del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Las escenas se repitieron en distintos puntos del país norteamericano: jóvenes con megáfonos en Salt Lake County, concentraciones invernales en Maine, interrupciones de tráfico en Maryland y carteles hechos a mano en Sunnyside.
Sin embargo, según reconstruyó The New York Times, ningún estado reaccionó con tanta dureza como Texas. Allí, donde más de la mitad del alumnado de escuelas públicas es hispano, la protesta juvenil adquirió un tono político inmediato.
El gobernador Greg Abbott advirtió que los distritos escolares podrían perder financiamiento y que los estudiantes “desordenados” serían arrestados. A su vez, la Texas Education Agency alertó que podría intervenir administrativamente a las escuelas que facilitaran las salidas colectivas.
“Las escuelas y el personal que permitan esta conducta deben ser tratados como cómplices”, publicó Abbott en redes sociales tras una protesta en las afueras de Austin.
El 10 de febrero se registraron al menos diez protestas en el área de Dallas, con cientos de alumnos participando. Los organizadores afirmaron conocer las posibles sanciones, pero decidieron avanzar, según explicó The New York Times.
Cat Krankota, de 16 años, explicó la motivación: “Es importante, especialmente ahora, que los estudiantes entiendan que tienen el derecho y el privilegio de alzar la voz por lo que creen”.
Para Paola Ramirez, la cuestión era personal. Su primo fue deportado tras presentarse a una cita en una oficina migratoria, lo que dejó a su esposa e hijo viviendo con su familia. “Veo injusticias en todas partes”, dijo.
Otro alumno, Thomas Baughman, señaló al medio citado que muchos participaron porque aún no pueden votar y buscaban expresar posiciones políticas. Durante más de una semana planificaron la movilización: publicaciones en redes, panfletos y revisión de sus derechos legales.
Sin embargo, el gobernador manifestó: “No se puede decir y actuar de cualquier manera, en cualquier lugar y momento”. Además, agregó que abandonar la escuela para protestar no está protegido constitucionalmente.
El conflicto salió de las aulas y llegó a los hogares. Algunos estudiantes desistieron de participar por temor a afectar sus antecedentes académicos.
Jessica Zelaya, madre de tres adolescentes en Mesquite, Texas, contó que sus hijos estaban preocupados por la seguridad y las consecuencias disciplinarias.
Mientras algunos reclamaron control escolar, otros defendieron el derecho a salir, explicó The New York Times. Monette DeBaun Stransom acompañó a su hija durante la protesta y le recordó sus derechos constitucionales: “Tienes derecho a protestar pacíficamente. Camina por la vereda y no obstruyas el tráfico”.

