Filipinas, Estados Unidos y Japón concluyeron una serie de maniobras conjuntas sobre las islas Batanes y el canal de Bashi, ampliando el alcance geográfico de la cooperación militar más allá del tradicional foco en el Mar de China Meridional.
El ejercicio, enmarcado en las Actividades Marítimas Cooperativas Multilaterales impulsadas por Manila, involucró patrullajes aéreos y navales durante seis días, con la participación de la fragata filipina Antonio Luna, el destructor estadounidense USS Dewey y un avión P-3 Orion japonés, junto a helicópteros y cazas filipinos.
Según el jefe de asuntos públicos de las Fuerzas Armadas de Filipinas, coronel Xerxes Trinidad, fue la primera vez que estos ejercicios se desarrollaron en el espacio aéreo y marítimo al norte de Luzón, hasta la isla de Mavulis, reforzando la capacidad de operar de forma coordinada en entornos complejos.
La capitana Jennifer Monforte, desde la Antonio Luna, declaró que el principal objetivo fue mejorar la coordinación y los procedimientos compartidos entre las fuerzas armadas, con la meta de garantizar un Indo-Pacífico libre y abierto. Subrayó que la actividad no debe interpretarse como un gesto provocador, pese a que la presencia de buques chinos en la zona, considerada ilegal por Manila, elevó la tensión durante las maniobras.
Las operaciones incluyeron ejercicios de reabastecimiento en el mar, patrullas aéreas, simulacros de comunicaciones y ejercicios antisubmarinos en aguas cercanas al límite sur del canal de Bashi, corredor estratégico para el comercio internacional y punto sensible ante posibles crisis en torno a Taiwán.
La reacción de China fue inmediata. Zhai Shichen, portavoz del Comando del Teatro Sur del Ejército Popular de Liberación, acusó a Filipinas de organizar patrullas conjuntas con países ajenos a la región, lo que, según afirmó, “perturba la paz y la estabilidad”. Beijing reiteró su rechazo a cualquier acción que interprete como injerencia en lo que considera su territorio, recordando que realizó patrullas propias en el Mar de China Meridional durante el mismo periodo.
El gobierno japonés, por su parte, ha endurecido su postura en materia de defensa, con planes para desplegar misiles superficie-aire en islas cercanas a Taiwán antes de 2031, mientras que el presidente filipino Ferdinand Marcos advirtió que el país podría verse arrastrado a un conflicto en la zona, dada la presencia de miles de trabajadores filipinos en Taiwán.
La extensión de los ejercicios trilaterales hacia el canal de Bashi y Batanes responde a una estrategia de Manila y sus aliados para fortalecer la vigilancia y la preparación ante escenarios de crisis. Desde 2023, Filipinas ha intensificado este tipo de actividades con otras naciones, como Australia, Canadá y Nueva Zelanda, buscando reforzar su posición frente a las reclamaciones chinas.
El Mar de China Meridional sigue siendo un punto de competencia estratégica, donde la negativa de China a acatar el laudo arbitral de 2016 y su reivindicación de la mayor parte de la zona alimentan la rivalidad geopolítica en el Indo-Pacífico.
(Con información de Reuters y AFP)


