Luego de que Nicolás Barros Schelotto hiciera un gol olímpico como 10 de Gimnasia y Esgrima La Plata, su papá, Guillermo, hoy director técnico de Vélez, lo bajó a tierra con una frase pública. La intención fue que el chico no viajara por nubes que pudieran oscurecer su futuro. Este miércoles el chico lo hizo de nuevo: no un gol desde córner, pero sí una exquisitez para contribuir a un triunfo del Lobo. De un sorprendente Lobo.
En el importante 2-1 sobre Banfield en el Florencio Sola, el chico de 19 años utilizó su sutil zurda para encontrar por tercera vez en el Torneo Apertura el mismo ángulo de sus anteriores golazos. Todos fueron por vías distintas y aportaron para obtener los tres puntos.
El segundo tanto de Gimnasia en la cancha de Banfield fue el primero que anotó con la pelota en juego. El equipo dirigido por Fernando Zaniratto ya se imponía al diseñado por Pedro Troglio desde los 19 minutos por un gol de Manuel Panaro, y a los 35 aumentó la ventaja. Ignacio Fernández lanzó el balón a un espacio para una corrida de Marcelo Torres, que no bien frenó en el costado derecho observó el movimiento hacia el área del hijo del mellizo, sin marca alguna.
Torres le entregó la pelota y Nicolás hizo el resto. El defensor Sergio Vittor miró demasiado al juvenil y dejó que su pierna más sensible encontrara el recorrido suficiente como para hacierla viajar al palo derecho del arco de Facundo Sanguinetti. Específicamente al ángulo superior, ese lugar difícil de encontrar que Barros Schelotto halla con facilidad. Por el descuento, conseguido sobre el final por Santiago López García, el aporte del adolescente terminó siendo esencial.
En la primera fecha del campeonato lo sufrió Facundo Cambeses, arquero de Racing. En aquel momento no era conocida su pegada. En aquella tarde en el bosque platense el 10 abrió el triunfo de Gimnasia, otro 2-1, mediante un golazo olímpico, también desde la derecha del ataque tripero.
El ambiente del fútbol abrió los ojos aun más cuando miró su tanto de la tercera fecha frente a Aldosivi, nuevamente como local pero con Axel Werner como víctima. Nuevamente con el perfil cambiado, Barros Schelotto abrió el pie y volvió a ubicar la pelota en la esquina predilecta. Esta vez, de tiro libre. Y como contribución a un nuevo éxito, en este caso, por 3-1.
Nicolás Barros Schelotto tiene una marca distintiva. No importa la vía: aunque los rivales puedan estar atentos a no otorgarle dos centímetros de ventaja, los arqueros empiezan a quedar expuestos a una misión muy compleja de contrarrestar.


