Uno de cada cinco incidentes de tránsito está ligado al consumo de alcohol. La normativa vigente en CABA contempla un límite permitido de 0,5 gramos por litro (g/l) de alcohol en sangre para conductores de vehículos, 0,2 gr/l para motociclistas y cero para principiantes y conductores profesionales. Cuando un test arroja positivo, se procede al dosaje con el alcoholímetro.
Los operativos de control se inician con la verificación de la documentación, licencia, cédula verde y seguro. Con motivo de las fiestas de fin de año, estos se refuerzan. En CABA se dispusieron unos 30 puestos adicionales en diferentes barrios para la madrugada posterior a la Navidad.
“De todos los controles que se hicieron, 11 dieron mayor a 1 y 19, entre 0,5 y 1 de alcohol en sangre”, afirmó un agente de tránsito entrevistado. Sobre un total de 5394 controles, 30 conductores dieron positivo. La curva de positividad ha venido descendiendo. El Gobierno porteño indicó que la reducción fue del 50% en la ciudad mientras que la Agencia de Seguridad Vial, en 39 ubicaciones estratégicas del país, detectó 97 conductores alcoholizados sobre 5220, esto es un 37% menos que el año anterior.
Negarse a realizar el test de alcoholemia tiene un costo de $798.000. La multa por conducir con menos de 1 gr/l contempla un pago de entre los 120 mil y 798 mil pesos, retención de licencia e inhabilitación de entre 2 y 4 meses, con acarreo del vehículo. Con más de 1 gr/l, la multa puede llegar a 1.597.020 y a entre uno y diez días de arresto, con inhabilitación de hasta dos años.
Los operativos de prevención y control, en el marco de una política integral de seguridad vial, tienen claros efectos a la hora de reducir la siniestralidad. Solo en 15 comunas de CABA se realizaron 470 mil controles este año, con una positividad promedio de 0,97% y 4300 licencias retenidas. En tiempos de “no hay plata”, indudablemente el valor establecido para multas es un buen acicate para desalentar contravenciones. En reiteradas ocasiones hemos señalado que ante la irresponsabilidad y la falta de conciencia sobre el valor de la vida y el respeto por el otro, el impacto en el bolsillo ha probado ser efectivo para promover mayores cuidados.


